‘Use this app twice daily’: how digital tools are revolutionising patient care

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New electronic devices are being used by people of all ages to track activity, measure sleep and record nutrition.
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Caleb Ferguson, Western Sydney University; Debra Jackson, University of Technology Sydney, and Louise D. Hickman, University of Technology Sydney

Imagine you’ve recently had a heart attack.

You’re a lucky survivor. You’ve received high-quality care from nurses and doctors whilst in hospital and you’re now preparing to go home with the support of your family.

The doctors have made it clear that the situation is grim. It’s a case of: change your lifestyle or die. You’ve got to stop smoking, increase your physical activity, eat a healthy balanced diet (whilst reducing your salt), and make sure you take all your medicine as prescribed.

But before you leave the hospital, the cardiology nurse wants to talk to you. There are a few apps you can download on your smartphone that will help you manage your recovery, including the transition from hospital to home and all the health-related behavioural changes necessary to reduce the risk of another heart attack.

Rapid advancements in digital technologies are revolutionising healthcare. The benefits are numerous, but the rate of development is difficult to keep up with. And that’s creating challenges for both healthcare professionals and patients.

What are digital therapeutics?

Digital therapeutics can be defined as any intervention that is digitally delivered and has a therapeutic effect on a patient. They can be used to treat medical conditions in a similar way to drugs or surgery.

Current examples of digital therapeutics include apps for managing medications and cardiovascular health, apps to support salud mental and well being, or augmented and virtual reality tools for patient education.

Paper-based letters, health records, prescription charts and education pamphlets are outdated. We can now send emails, enter information into electronic databases and access electronic medication charts.

And patient education is no longer a static, one-way communication. The digital revolution facilitates dynamic and personalised education, and a two-way interaction between patient and therapist.

How do digital therapeutics help?

Digital health care improves overall quality of care, even in cases where a patient lives hundreds of kilometres away from their doctor.

Take diabetes for example. This condition affects 1.7 million Australians. It’s a major risk factor for developing cardiovascular disease and stroke. So it’s important that people with diabetes manage their condition to reduce their risk.

A recent study evaluated a team-based online game, which was delivered by an app to provide diabetes self-management education. The participants who received the app in this trial had meaningful and sustained improvements in their diabetes, as measured by their HbA1c (blood glucose levels).

App based games of this kind hold promise to improve chronic disease outcomes at scale.

New electronic devices are also being used by people of all ages to track activity, measure sleep and record nutrition. This information provides instant and accurate feedback to individuals and their therapists, allowing for adjustments where necessary. The logged information can also be combined into large data sets to reveal patterns over time and inform future treatments.

Digital therapeutics are spawning a new language within the healthcare industry. “Connected health” reflects the increasingly digital ways clinicians and patients communicate. A few examples include text messaging, telehealth, and video consultations con los profesionales de la salud.

Cada vez hay más pruebas de que la atención prestada digitalmente (incluida la aplicaciones y las intervenciones basadas en mensajes de texto) pueden ser buenas para su salud y ayudarle a controlar enfermedades crónicas, como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

Pero no todas las aplicaciones de salud son iguales

Aunque la revolución de la sanidad digital es apasionante, los resultados de los estudios de investigación deben ser interpretados con cautela por pacientes y proveedores.

La innovación ha dado lugar a 325.000 aplicaciones móviles de salud disponibles en 2017. Esto plantea importantes cuestiones de gobernanza relacionadas con la seguridad del paciente (incluida la protección de datos) cuando se utilizan terapias digitales.

A recent revise identificaron que la mayoría de los estudios tienen una duración relativamente corta de la intervención y sólo reflejan un seguimiento a corto plazo de los participantes. El efecto a largo plazo de estas nuevas intervenciones terapéuticas sigue siendo en gran medida desconocido.

La velocidad actual del desarrollo tecnológico hace que los mecanismos habituales de seguridad se enfrenten a nuevos retos éticos y normativos. ¿Quién está haciendo el prescripción? ¿Quién es responsable de la eficacia, el almacenamiento y la exactitud de los datos? ¿Cómo se integran estas tecnologías en los sistemas asistenciales existentes?

La sanidad digital necesita un enfoque colaborativo

La salud digital supone una alteración sísmica de la atención al paciente, sobre todo cuando las nuevas tecnologías son baratas y de fácil acceso para pacientes que podrían carecer de la perspicacia necesaria para reconocer la normalidad o un motivo de alarma. La tecnología puede facilitar y potenciar la autogestión, pero aún queda mucho por hacer para integrar estas nuevas tecnologías en el sistema sanitario actual.

La nueva funcionalidad del Apple Watch notificaciones de frecuencia cardiaca por ejemplo. Investigaciones como la Estudio Apple Heart sugiere que esta interesante innovación podría mejorar significativamente los índices de detección de los trastornos del ritmo cardiaco y los esfuerzos de prevención de los accidentes cerebrovasculares.

Pero cuando un paciente recibe una notificación de frecuencia cardíaca elevada, ¿qué debe hacer? ¿Ignorarlo? ¿Acudir al médico de cabecera? ¿Ir directamente a urgencias? ¿Cuál es el impacto en el sistema sanitario?

Muchas de estas preguntas siguen sin respuesta, lo que sugiere la urgente necesidad de investigar cómo se implanta la tecnología en los sistemas sanitarios existentes.

Si queremos producir terapias digitales útiles para los problemas del mundo real, es fundamental que los usuarios finales participen en el proceso. Los pacientes y los profesionales sanitarios tendrán que trabajar con los desarrolladores de software para diseñar aplicaciones que satisfagan las complejas necesidades sanitarias de los pacientes.La conversación

Caleb FergusonInvestigador principal, Western Sydney University; Debra JacksonProfesor, University of Technology Sydney, and Louise D. Hickman, Profesora Asociada de Enfermería, University of Technology Sydney

Este artículo ha sido publicado en La conversación bajo licencia Creative Commons. Lea el artículo original.

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